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¿Dónde están la iglesia y el fútbol cuando uno los necesita?

Francisco Miraval

La semana pasada recibí un mensaje electrónico de una iglesia en Denver que me invitaba a orar para que Dios interviniese en una cierta situación. Como recibo ese tipo de mensajes con frecuencia, y como esos pedidos son, con muy pocas excepciones, siempre válidos, inmediatamente abrí el mensaje. La petición, sin embargo, me sorprendió.

Asumí que se trataría de un pedido de oración a favor de una persona deportada o a punto de serlo. O quizá se trataría de alguien enfermo, o de una víctima de accidente, o de uno de los 900.000 residentes de Colorado que padecen hambre.

Pero me equivoqué. El pedido de oración tampoco se refería a la lucha por la justicia social ni era un llamado a la unidad o a la solidaridad, sino un pedido para que Dios ayudase a Tim Tebow, mariscal de los Denver Broncos, para que los Broncos ganasen su partido.

No tengo nada contra Tebow. De hecho, me resulta refrescante ver que un joven pueda espontáneamente y con claridad expresar su fe (que, dicho sea de paso, se origina en la misma tradición religiosa a la que pertenezco) y que no se vea forzado a fragmentar su vida para llevar adelante su carrera.

Sería bueno, de hecho, ver muchos otros jóvenes y adultos compartiendo y expresando su fe o sus creencias, cualesquiera que fueran, sin temor y con toda libertad.

Pero debo confesar que no me gustó que una iglesia convocase a una reunión de oración para que Tebow y los Broncos ganen. ¿Acaso deben los cristianos orar por Tebow sólo porque Tebow es cristiano? ¿No deberíamos orar por todas las personas, sean cristianas o no, famosas o no?

Tal trivialización de la experiencia religiosa me pareció ridícula y absurda. Mucha gente no tiene trabajo y muchos no tienen qué comer. La deserción escolar sigue alta y el nivel de suicidios y de enfermedades crónicas sigue creciendo entre las minorías. Muchos están perdiendo la fe.

Y en ese contexto, ¿lo mejor que podemos hacer es “molestar” Dios para que intervenga a favor del resultado de un partido de futbol americano? ¿Qué pasó con los días de los grandes milagros? ¿Dónde quedó la verdadera fe? ¿Y cuán cerca estamos de la peligrosa idolatría al estilo greco-romano?

Para alejarme de tan incómodas preguntas y como distracción, decidí mirar un partido de la Major League Soccer, MLS, la liga de futbol de Estados Unidos. Pero antes de que ese partido empezase me enteré que el encuentro marcaba el inicio de una alianza entre la MLS y el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos para “asegurar la seguridad y protección” de aficionados y jugadores por medio de la campaña “Si ve algo, diga algo”.

La campaña pide que los aficionados al futbol denuncien posibles actos de terrorismo, crímenes, u otras amenazas a la seguridad pública.

Si la iglesia se enfoca en el futbol americano y la MLS se dedica a combatir al terrorismo, ¿en qué se han transformado entonces la iglesia y el futbol?

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