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¿Quién soy yo, el de antes o el de ahora?

Francisco Miraval

Reencontrarse con alguien a quien uno no veía desde hace muchos años tienen el peculiar efecto de reencontrarse no sólo con aquella persona, sino también con uno mismo como uno era en aquellos años. De allí la pregunta del título: ¿quién soy yo, el de antes o el de ahora?  Y la respuesta no es tan simple ni obvia como podría pensarse.

Tras un reciente encuentro con uno de esos “viejos amigos”, algo hasta ahora impensado para mí me quedó muy claro: mi “yo” antes de emigrar de mi país natal ya no envejece. Yo sí. Dicho de otro modo, mis “viejos amigos” me recuerdan como un adolescente, casi asumiendo que lo sigo siendo, aunque ya no lo soy.

Me resulta increíble descubrir que en la mente y en la memoria de ciertas personas yo sigo siendo joven y que eso es todo lo que ellos saben y recuerdan de mí, como si las décadas transcurridas desde entonces no hubiesen pasado. Pero pasaron y, como consecuencia, ellos conocen más de mi juvenil ser anterior de lo que yo mismo conozco y recuerdo.

La situación me pareció análoga (aunque no idéntica) a lo que sucede cuando los padres les comienzan a contar a sus hijos historias de cuando esos hijos eran pequeños y, por eso, los niños comienzan a descubrir que ellos tuvieron una vida antes de lo que ellos conscientemente recuerdan.

En la época actual, casi cada paso que da una criatura queda inmediatamente registrado en las redes sociales, por lo que eventualmente cuando esa criatura crezca tendrá gran parte de su infancia temprana ya documentada. Pero hasta no hace mucho tiempo, excepto por unas pocas fotografías, la infancia quedaba sólo registrada en la memoria de los padres.

Para los niños, aún más sorprendente que descubrir que tuvieron una vida que ellos no recuerdan resulta descubrir que los padres tuvieron sus propias vidas antes de la llegada de los niños, vidas de las cuales los niños habitualmente saben poco y nada.

Y podemos extender aún más esta búsqueda de recuerdos olvidados o de vidas pasadas desconocidas hasta abarcar ya no una persona en distintos momentos de su vida, ni a dos generaciones, sino a toda la humanidad.

Aún recuerdo la primera vez que leí un libro sobre prehistoria en aquellos años finales de la escuela primaria. Era un libro usado, de tapas duras y grises, que usaba palabras extrañas como “paleolítico” y “neolítico”. Pero lo más extraño fue enterarse de que se desconocían muchos detalles de la vida de nuestros antepasados.

Dicho de otro modo, no solamente nuestra memoria personal o familiar tiene limitaciones, sino que nuestra memoria como humanidad también es muy limitada. Así como a nivel personal no recordamos nuestros primeros años, parece que algo similar sucede a nivel histórico.

Entonces, ¿quiénes somos, los de ahora que conocemos y creemos recordar o los de antes, de quienes recordamos poco y nada? Y si nosotros no lo recordamos, ¿habrá algún viejo amigo de la humanidad que sí lo recuerde?

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