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La destreza del pulpo, la velocidad del colibrí y la fuerza de elefante

Francisco Miraval

Recientemente me invitaron a participar de un encuentro en el que “expertos” hicieron una presentación sobre cómo desarrollar líderes en comunidades habitualmente marginalizadas o desfavorecidas. Como era de esperar, no hubo en el encuentro ni un solo representante de esas comunidades, resaltándose así su continua marginalización.

Mientras esos “expertos” presentaban sus ideas sobre cómo conectar a grupos marginalizados con las oportunidades del presente, se me ocurrió preguntar de qué manera ellos (los expertos) buscarían conectar a esos grupos y a ellos mismos con un futuro que ya no es continuidad del pasado.

En otras palabras, ¿de qué sirve que se ayude a personas a comenzar a prepararse para ciertos trabajos si ya se sabe que esos trabajos en poco tiempo dejarán de existir? Creo que sería mejor ayudarlas a obtener buenos empleos en el presente y a prepararse para las oportunidades del futuro, muchas de las cuales aún no existen.

¿Y de qué sirve, por ejemplo, enseñar educación financiera como se enseñaba antes si las leyes que regulan esas actividades cambian casi a diario y si las nuevas tecnologías han transformado y seguirán transformando las finanzas y la economía?

A veces me parece que, como lo único que conocemos es el pasado, queremos forzar a la gente a conectarse con ese pasado en vez de crear el espacio para que ellos se conecten con la mejor versión de ellos mismos en el futuro y actualicen esa versión en el presente.

Mientras nosotros seguimos insistiendo en “clases de liderazgo”, los robots inteligentes, como Sophia, quieren tener hijos. Y, de hecho, los robots metálicos ya son cosa del pasado, gracias a recientes avances que han permitido crear a muy bajo costo los músculos artificiales que usarán los nuevos robots humanoides, los androides hijos de Sophia.

Según un reporte de la Universidad de Colorado en Boulder, esos robots tendrán la destreza de los tentáculos de un pulpo, la velocidad de las alas de un colibrí y la fortaleza los músculos de un elefante. Todo eso gobernado por inteligencia artificial creada por otra inteligencia artificial.

¿Qué significa esto? Significa que el futuro ya llegó y que nosotros no nos dimos cuenta porque estábamos distraídos tratando de reparar el pasado. Y, por eso, nosotros mismos, los “expertos”, hemos quedado marginalizados del futuro. Ahora somos nosotros los menos favorecidos, aunque todavía no lo entendamos plenamente ni lo hayamos aceptado.

A veces siento que vivimos hipnotizados y dentro de un denso manto de neblina. Por eso, aunque pudiésemos retomar el control de nuestras facultades mentales y comenzar a separar la realidad de lo que no lo es, aun así, incluso con los ojos bien abiertos, poco veríamos en la neblina que nos rodea.

Pero eso no significa que no haya esperanza o que todo sea negativo. Existen suficientes indicios que estamos entrando en una nueva época de la historia de la humanidad en la que, quizá por primera vez, nos veamos forzados a repensar nuestra humanidad como quizá nunca antes tuvimos que hacerlo. Allí resurge la esperanza. 

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