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¿Reinventarnos o rehumanizarnos? ¿O son lo mismo?

Francisco Miraval

Recientemente alguien me sugirió que, en el marco de los constantes y profundos cambios que experimenta el mundo, había llegado la hora de “reinventarnos” a nosotros mismos y, más específicamente, hacer una “reingeniería personal” para cambiar todo lo que debamos cambiar y mejorar todo lo que debamos mejorar en cada uno de nosotros.

Inicialmente, la propuesta me pareció excelente. Después de todo, ¿quién no quiere ser mejor y vivir una vida mejor? Y si no alcanzamos ninguna de esas dos metas en el contexto en el que ahora estamos, entonces sin dudas llegó la hora de reinventarnos, de transformarnos de tal manera que nos acerquemos a nuestras metas día de tras día.

Pero luego me puse a pensar si “adaptarse mejor al ambiente” y “reinventarse” son lo mismo. En otras palabras, ¿de qué sirve tratar de conectarse con un contexto, con un sistema, del que no recibimos beneficios y del que estamos desconectados precisamente porque el sistema mismo nos marginaliza o nos desfavorece?

Dicho de otro modo, la urgencia por reinventarnos, por lograr que “nos vaya bien”, puede cegarnos al peligro de confundir “reinventarse” con perder la identidad propia y transformarse precisamente en lo que no queríamos ser. Y, lamentablemente, ese es un proceso que he visto una y otra vez.

Los expertos caracterizan esa situación como una “trampa ecológica”, es decir, adaptarse a vivir en un ambiente que es malo para el organismo que quiere vivir en ese ambiente. Y los humanos caemos en esa “trampa” con demasiada frecuencia, acostumbrándonos a considerar a algo como “normal” simplemente porque lo vemos, lo escuchamos o lo enfrentamos a diario.

Según un reciente estudio publicado por el Dr. Nathan Kleist en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, ciertas especies de pájaros en el oeste de Estados Unidos viven ahora en zonas de ruido y contaminación (creados, obviamente, por los humanos).

Y esos pájaros se han adaptado a su nuevo ambiente, pero, para hacerlo, su nivel de estrés llega a niveles tan altos que los pájaros pierden peso, pierden aptitud física y hasta dejan de cuidarse a ellos mismos y a sus crías. Cualquier parecido con la realidad humana no es mera coincidencia: a nosotros nos pasa lo mismo.

Aprender a sobrevivir dentro de la “trampa ecológica” no equivale a “reinventarse”, ya que lo único que se logra es pagar un alto precio para prolongar una dolorosa agonía, sabiendo que la agonía continuará en las siguientes generaciones.  

Dicho sea de paso, esa ‘trampa ecológica” se conoce con distintos nombres, como “sociedad”, “economía”, “escuela” y muchos otros. Por eso, Kafka sabía lo que decía cuando nos caracterizaba como repugnantes monstruosidades autoconscientes, pero ya no humanos.

Quizá, entonces, no debemos ni transformarnos ni reinventarnos. Quizá lo único que deberíamos hacer es simplemente volver a ser humanos y ver a los otros como humanos. ¡Qué paradójico que ahora que hemos ya casi perdido nuestra humanidad, “reinventarnos” sea volver a ser lo que siempre fuimos!

Sólo esperemos que ya no sea demasiado tarde para “rencontrarnos”. 

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